Si bien reclamamos mejores procesos de competitividad en el departamento del Quindío a partir de las bondades que nos pueda brindar este rimbombante y novedoso término de la economía global, es pertinente advertir que no será fácil adoptar su práctica en el nivel de penetración que todos esperamos.

La razón es muy simple: somos un territorio pequeño con una economía débil, un empresariado en etapa de crecimiento y  procesos educativos por debajo de los estándares de calidad nacionales. Desde este panorama sabemos que el gobierno mira con mejores ojos otras regiones que pueden responder a los retos de un escenario al que no se accede  por casualidad.

La competitividad no es un concepto individual que un empresario conquista por su propia convicción, es una cadena de muchos eslabones que se alimenta de varios frentes para alcanzar su propósito.

Cuando hablamos de competitividad para el departamento debemos referirnos a políticas del Estado, al acompañamiento que en esta materia deben hacer los gobiernos locales, al compromiso de las universidades para tener programas con alta acreditación educativa, a la participación de los gremios y como es obvio, al interés de los empresarios para ponerse a tono en esta materia.

Pero la realidad es dura si hacemos un balance para reconocer nuestra verdadera posición a nivel del país. Con datos como que somos el departamento del Eje Cafetero con menor índice de exportaciones, con las divisiones recientes de poder  de los gobiernos de Armenia y del Quindío que dejaron pasar 4 años de oportunidades, con los sinsabores de la economía cafetera y con las angustias sociales de un desempleo galopante, la competitividad es apenas un escenario deseado en el que debemos trabajar a toda velocidad.

Competir debe convertirse en el estímulo para encontrar  la senda del progreso. No es fácil, por supuesto, pero es evidente que se trata de una salida válida si se logra concretar un propósito colectivo de las fuerzas que están llamadas a liderar este  proceso.

De competitividad se habla con frecuencia en ámbitos como el académico y el empresarial, se dictan talleres, se convocan actividades pero no se logra articular como un programa mayor de resultados  medibles y cercanos.

Somos un territorio pequeño con una tarea grande  por resolver, pero aún queda tiempo para recomponer el camino y cambiar la historia de una materia que todavía no cumple las expectativas económicas del Quindío.

 

Por Diana Patricia López
Directora de Fenalco Quindío

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